¿Una alianza de autocracias? China quiere liderar un nuevo orden mundial.

admin

07/04/2021

El Presidente Joseph R. Biden Jr. quiere forjar una “alianza de democracias”. China quiere dejar en claro que tiene alianzas propias.

Sólo unos días después de un amargo encuentro con funcionarios estadounidenses en Alaska, el Ministro de Relaciones Exteriores de China se unió a su homólogo ruso el mes pasado para denunciar la intromisión y las sanciones occidentales.

Luego se dirigió a Medio Oriente para visitar a los aliados estadounidenses tradicionales, incluyendo Arabia Saudita y Turquía, así como a Irán, donde firmó un acuerdo de inversión.

El Consejero de Estado y Ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi (izq.), y su homólogo japonés, Toshimitsu Motegi, chocan los codos al inicio de sus conversaciones, en Tokio, Japón, . REUTERS/Issei Kato/Pool
El Consejero de Estado y Ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi (izq.), y su homólogo japonés, Toshimitsu Motegi, chocan los codos al inicio de sus conversaciones, en Tokio, Japón, . REUTERS/Issei Kato/Pool

Xi Jinping, el líder de China, se puso en contacto con Colombia un día, y prometió apoyo a Corea del Norte al otro.

El mensaje fue claro.

China espera posicionarse como el principal retador a un orden internacional, liderado por Estados Unidos, que generalmente se guía por la democracia, el respeto a los derechos humanos y el apego al estado de derecho.

Un sistema así “no representa la voluntad de la comunidad internacional”, dijo Wang Yi, el Ministro de Relaciones Exteriores chino, a Sergey V. Lavrov, su homólogo ruso, cuando se reunieron en Guilin, China.

En un comunicado, acusaron a EE.UU. de intimidación e interferencia y lo instaron a “reflexionar sobre el daño que ha hecho a la paz y el desarrollo globales en años recientes”.

La amenaza de una coalición encabezada por EE.UU. desafiando las políticas autoritarias de China sólo ha reforzado la ambición de Beijing de ser un líder global que se oponga a Washington y sus aliados.

Muestra a una China cada vez más confiada e impenitente, que no sólo refuta las críticas estadounidenses a sus asuntos internos, sino que también presenta sus propios valores como modelo para otros países.

“En realidad están tratando de construir un argumento como: ‘somos la potencia más responsable. No somos los saboteadores o un eje del mal’”, dijo John Delury, profesor de Estudios Chinos en la Universidad Yonsei, en Seúl.

Como resultado, el mundo se divide cada vez más en bandos distintos, si no es que puramente ideológicos, con China y EE.UU. esperando atraer a seguidores.

La alineación más notable de China es con Rusia, cuyo presidente, Vladimir V. Putin, se ha quejado desde hace mucho tiempo del uso estadounidense del sistema financiero global como un instrumento de política exterior.

China y Rusia se han acercado más, particularmente desde que la anexión de Crimea por parte de Putin en el 2014 fue recibida con indignación internacional y sanciones occidentales.

Los funcionarios chinos, al igual que los rusos, han dicho en repetidas ocasiones que EE.UU. no está en condiciones de criticar a otras naciones.

Citan como evidencia sus intervenciones militares en Irak, Afganistán y Libia, y lo acusan de instigar protestas públicas contra gobiernos a los que se opone.

“Estados Unidos debería bajar el tono de la democracia y los derechos humanos y hablar más sobre cooperación en asuntos globales”, escribió Yuan Peng, presidente de los Institutos de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China, un organismo de pensadores del Gobierno.

Desde la elección de Biden, China ha tratado de evitar que EE.UU. forje un frente unido en su contra.

Hizo un llamado a la nueva Administración para que reanude la cooperación tras las confrontaciones de los años Trump.

Selló acuerdos comerciales y de inversión, incluido uno con la Unión Europea, con la esperanza de excluir a Biden.

No funcionó. Los primeros resultados de la estrategia de Biden surgieron recientemente, cuando Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea anunciaron conjuntamente sanciones a funcionarios chinos por motivo de Xinjiang, donde las autoridades han detenido y recluido a musulmanes uighures.

China tomó represalias con sanciones propias contra funcionarios electos y expertos en la Unión Europea y Gran Bretaña.

Siguieron penas similares a canadienses y estadounidenses, incluyendo altos funcionarios de la Comisión de Libertad Religiosa Internacional de EE.UU., un organismo gubernamental que sostuvo una audiencia sobre el trabajo forzado en Xinjiang.

Hasta ahora, muchas naciones de la Unión Europea no han querido elegir bando, evitando las divisiones ideológicas de la Guerra Fría, en parte debido a la intensificación de los lazos económicos con China.

Sin embargo, con cada nuevo giro en las relaciones, surgen bandos más claros.

“El espejo chino todo el tiempo”, dijo Theresa Fallon, directora del Centro para Estudios de Rusia Europa Asia, en Bruselas.

“Siempre acusan a la gente de pensamiento de la Guerra Fría porque creo que realmente, en el fondo, así es como piensan”.

Chris Buckley contribuyó con reportes a este artículo.

© 2021 The New York Times

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