Una mirada de futuro para la educación

admin

25/03/2021

La educación tiene como función distribuir el conocimiento válido en la sociedad para su sustentabilidad. En la sociedad del conocimiento, define el futuro de la sociedad y también el de las personas.

La educación tiene el triple objetivo de formar para el desarrollo personal, para la ciudadanía y para la productividad. Se orienta a formar personas autónomas en su vida personal y social, capaces de participar en emprendimientos cada vez más calificados, con automotivación y capacidad innovadora.

El énfasis está puesto en la formación del pensamiento complejo (sistémico, tecnológico) que permita la inserción productiva en un mundo en permanente cambio, signado por las tecnologías digitales, en constante evolución.

La oferta educativa debe incluir oportunidades de aprendizaje permanente para enriquecer las trayectorias personales a lo largo de toda la vida.

La formación continua de los adultos acompaña las múltiples trayectorias posibles y facilita la necesaria reconversión personal, en un mundo de alta competitividad y cambio permanente en el mercado de trabajo/empleo.

Los actuales sistemas escolares no alcanzan. La oferta de conocimiento debe estructurarse a través de sistemas de educación transformados en complejos ecosistemas, que se presentan como una constelación de ofertas de oportunidades de aprendizaje, producidas por diversos oferentes, entre los cuales el más importante -desde el punto de vista de la dirección y de la regulación para la garantía de calidad en relación con el ‘sentido’- es el Estado.

Las oportunidades de aprendizaje no se restringen al sistema escolar, ni al sistema educativo formal (universidades). La sociedad del conocimiento, que se apoya en las redes sociales, ha diversificado los canales nacionales e internacionales de distribución del conocimiento haciéndolos mucho más permeables y de mayor acceso.

Todos deben aprender a aprender y, de manera concomitante, todos deben aprender a enseñar. Esta capacidad está, así, distribuida en el conjunto de la población atendiendo a la variedad de espacios de aprendizaje existentes.

Existen, por otro lado, profesionales del aprendizaje, sólidamente formados, capaces de resolver las situaciones específicas en las cuales fuera necesaria su intervención.

Esta mirada prospectiva no olvida las deudas del pasado expresadas en el alto nivel de deterioro de los conocimientos básicos de nuestra población (analfabetismo funcional, repetición y deserción, escasos logros de aprendizaje).

Para enfrentarlo se deben generar estrategias de formación diversas que se transforman en oportunidades de aprendizaje adaptadas a las distintas necesidades personales, a todas las etapas de la vida, y a las demandas regionales.

Existen procedimientos que tienen en cuenta las necesarias adaptaciones y compensaciones para hacer cierta la equidad y aumentar la justicia educativa en la sociedad.

Esta conversación está presente ya en el mundo. Refiriéndose a la Educación 2020, en 2011 el Banco Mundial dice: “La expresión ‘sistema educativo’ generalmente se refiere a las escuelas, las universidades y los programas de capacitación que proporcionan servicios educativos. En la nueva estrategia, este término se relaciona con un concepto más amplio. Incluye la gama completa de oportunidades de aprendizaje disponibles para niños, jóvenes y adultos, ya sean provistas o financiadas por el Estado o por entidades no estatales como particulares, empresas privadas, organizaciones comunitarias u organizaciones religiosas. Incluye aquellas oportunidades que se consideran programas formales, así como programas no formales. También incluye una gama completa de participantes: maestros, capacitadores, administradores, empleados y usuarios (potenciales), cuyas elecciones colectivas y cuya ‘voz’ impulsan la forma en que funciona el sistema”.

Este intangible, que es el aprendizaje, tiene grandes capacidades de organización de su entorno. Como dice la UNESCO (2005): “El fenómeno del aprendizaje está destinado a generalizarse en nuestras sociedades a todos los niveles, y también está llamado a estructurar la organización del tiempo, el trabajo y la vida de las instituciones”.

Tomando el mandato social de “aprender a aprender” para todos como la dirección a seguir, como la visión que señala el camino hacia el cual orientar la mirada, la pregunta relevante cambia: ya no focaliza el interés en cuántas escuelas hay, cuántos alumnos dentro de ellas, cuántos docentes y de qué tipo se requieren, sino que se abre el panorama para poder preguntarse cuáles y cuántas son las oportunidades de aprendizaje significativo que una sociedad ofrece (a lo largo de toda la vida para todos sus habitantes), sean ellas bajo el formato del viejo modelo (la escuela) o en otros formatos, a los cuales podremos referirnos como entornos de aprendizaje.

La autora de esta columna es socióloga. Ex subsecretaria de Programación del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación.

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