Una pulpería con alma en Cura Malal

admin

03/05/2021

Dice que le gusta presentarse simplemente como “Mercedes Resch, de Cura Malal”. Y si le piden más información, agrega que es hija de José y de Raimunda, ambos nacidos en el lugar, como ella. En el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, a 570 km de la Capital Federal y a 20 de Coronel Suárez, cabecera del partido.

Mercedes se fue del pueblo de joven pero a los años volvió, con energías recargadas y muchas ideas para impulsar proyectos sociales y culturales que Cura Malal -que significa “casa de piedra” en araucano – nunca había visto.

Su papá, José, era descendiente de los alemanes del Volga, que emigraron de Rusia hacia fines del siglo XIX, muchos de los cuales llegaron a la Argentina en busca de tierra de paz y trabajo.

La Tranca, un antiguo boliche que volvió a la vida en Cura Malal.
La Tranca, un antiguo boliche que volvió a la vida en Cura Malal.

Mis abuelos vinieron en barco desde Rusia y llegaron a Coronel Suárez, donde se establecieron tres colonias alemanas; mi papá era de la más alejada, la Santa María. Y mi mamá era una mezcla rara; morocha, de rasgos fuertes, con una madre de ascendencia francesa y un padre descendiente de portugueses con sangre india” cuenta Mercedes. Y dice que el casamiento de su padre con una “no alemana” fue un “acto de rebeldía”.

Novena de 10 hijos, Mercedes recuerda que sus hermanos nacieron en una plantación de lavanda donde trabajaba José, en una gran estancia llamada La Cascada. “Cuando yo tenía dos años nos vinimos al pueblo, donde mi papá construyó una casita de adobe, y terminamos la primaria en la escuela rural. Pero no había secundaria y mis hermanas, que vivían en Buenos Aires, me enviaron a un pupilado de monjas en Cnel. Suárez. Esa fue para mí una época oscura; pupila, en un internado de monjas, en el medio de lo que entonces me parecía una gran ciudad, rodeada de cemento”, rememora.

Un recuerdo que contrasta con una infancia lo más feliz que se pueda imaginar, jugando en el campo, trepada a los árboles. “Me encantaba acompañar a mi mamá cuando llevaba a pastorear a las vacas por caminos rurales; era mi momento de charla con ella, la tenía para mí sola y hablábamos de todo”, recuerda Mercedes, y la emoción tiñe sus palabras.

Mercedes en el boliche al que iba a comprar de niña y que ahora transformó en centro cultural y pulpería.
Mercedes en el boliche al que iba a comprar de niña y que ahora transformó en centro cultural y pulpería.

A la gran ciudad, con pasaje de regreso

Cuando terminó el secundario, Mercedes se fue a Pigüé a estudiar magisterio y después  a Buenos Aires, donde se inscribió en Diseño Gráfico en la UBA. “Hice casi toda la carrera pero en el último año me pasé a la escuela de arte Prilidiano Pueyrredón, lo que en ese momento fue salvador. Viví 10 años en Buenos Aires y el último año, cuando me faltaba rendir una materia, ya no me convencía seguir viviendo ahí, y me di cuenta de que tenía que regresar a Cura Malal”, cuenta.

Y es que en el último año de la carrera, todos los proyectos en los que trabajaba, de una u otra manera se vinculaban con el pueblo: “Mis proyectos tenían nombre o relaciones con Cura Malal; tenía una idea y recuerdos de un lugar de felicidad, de mi refugio. Y pensé que regresar era algo pendiente”.

La Tranca se transformó en un referente en Cura Malal y de todo Coronel Suárez.
La Tranca se transformó en un referente en Cura Malal y de todo Coronel Suárez.

Entonces volvió, y el arte que había experimentado y vivido en Buenos Aires empezó a cobrar vida en Cura Malal, y también a darle vida al lugar. “Pude comprar una especie de tapera que era el boliche de mi infancia, cuando se llamaba Lo de Leonard. Un boliche humilde, con lo mínimo necesario, donde yo iba a hacer las compras de chica, con libreta. Tenía una parte de copas, una especie de pulpería para hombres, a la que las mujeres no iban; pero sí pasaba por ahí para entrar al almacén”.

Era un lugar abandonado en una época oscura para el pueblo, porque hace unos 20 años, “casi toda la gente se estaba yendo”, recuerda Mercedes.

Mercedes con su atuendo de danza junto a dos tíos jinetes, Zacarías y Mingo Siivera. Foto: Rosana Silvera.
Mercedes con su atuendo de danza junto a dos tíos jinetes, Zacarías y Mingo Siivera. Foto: Rosana Silvera.

Y cuenta: “Compré la mitad del boliche, porque en la otra mitad vivía mi hermano. La arcada por la que se pasaba de la pulpería al almacén ya no estaba, había una pared. Pude volver a unirlo recién unos años más tarde, y el proyecto y fue creciendo poco a poco”.

La gente del pueblo se involucró acercándole viejas botellas y cacharros, herramientas, artículos típicos de las casas de otros tiempos, y “de alguna manera me fue mostrando el camino” para el proyecto, reconoce Mercedes.

Convirtió una parte del edificio en un pequeño hospedaje –“El Gallinero”- y al boliche le puso La Tranca por dos razones: por un lado, porque cuando el lugar había sido boliche, la puerta se cerraba con una tranca. Y además, porque en el campo se suele decir “te agarraste flor de tranca” cuando alguien toma de más, lo que solía ocurrir en la pulpería.

La Tranca es pulpería los viernes y centro cultural y social de Cura Malal.
La Tranca es pulpería los viernes y centro cultural y social de Cura Malal.

Entonces llevó adelante distintas movidas artísticas como arte-correo, exposiciones, presentaciones de libros, entre muchas otras. Sin embargo, hasta hace pocos años, dice, sentía que no lograba enganchar a ciertos personajes del pueblo o gente de cierta edad.

“Hasta entonces el proyecto era más artístico, con arte correo o poesía visual. Pero luego fui armando especies de cooperativas. Con Hugo Sein, profesor de Cnel. Suárez, por ejemplo, armamos un centro de danzas folclóricas; yo pongo el espacio y él da clases. Y gratis, porque es un proyecto comunitario. Y con una amiga damos un taller de cocina” cuenta.

Y dice que ser docente en varias escuelas de la zona le permite “darse el lujo” de vivir de su trabajo y dedicar tiempo a pensar y generar proyectos. Por ejemplo la construcción, hace unos años, de un gran taller (Las Chapas) con materiales reciclados, en un molino harinero que estaba en desguace.

Cura Malal, a 570 km de Buenos Aires y 20 de Coronel Suárez. Imagen: Google Maps.
Cura Malal, a 570 km de Buenos Aires y 20 de Coronel Suárez. Imagen: Google Maps.

Hasta que llegó un punto, allá por 2018, en que sintió que el boliche tenía que tener más gente, risas, guitarras, algo de lo que había sido. Entonces se animó a abrir la pulpería, los viernes. “Así La Tranca dejó de ser exclusivamente un espacio de arte y empezó a estar más traspasado por la comunidad; empezó a venir todo el pueblo y también gente de otros lugares, e incluso vienen varios de mis alumnos a conectarse” se entusiasma Mercedes. Fue el cambio que le dio nueva vida al lugar.

Fuente de vida y proyectos

Ya es un clásico. ¿Hoy es viernes? Hoy hay pulpería en La Tranca, con música, baile, pizzas y empanadas que Mercedes misma cocina, aunque cuando hay presentaciones de libros el menú es más variado y se “saca la pulpería a la calle”: “Hacemos un fogón y el lugar funciona a cielo abierto. La casa es la casa, la pulpería, el taller, el hospedaje, el patio de baile. Y se van sumando propuestas, porque la gente propone y si se puede, lo organizamos, siempre con los permisos y los protocolos necesarios”.

Conciertos, payadas y lecturas de poemas son habituales en el boliche (foto pre pandemia, ahora se aplican todos los protocolos sanitarios).
Conciertos, payadas y lecturas de poemas son habituales en el boliche (foto pre pandemia, ahora se aplican todos los protocolos sanitarios).

El verano pasado, por ejemplo, organizaron una residencia de poetas, y ahora están construyendo un nuevo hospedaje, un poco más cómodo que el actual y separado de la pulpería”.

Y los proyectos no paran de fluir. “Con los chicos del pueblo estamos trabajando en un mural gigante en la plaza, y con dos amigas creamos el proyecto Hermosura, una mezcla entre lo documental y lo artístico”, cuenta Mercedes, y dice que está muy entusiasmada con “reconstruir el hilo de la historia” de algunas cosas, como la historia del pueblo, de algunas de sus casas, de las familias. Algo así como ir construyendo “el archivo del pueblo”, para lo cual están “buscando, armando, recuperando, porque hay muy poco escrito sobre la historia del lugar”.

Mercedes con dos alumnos en un taller de tipogragfía, una de las muchas actividades culturales que organiza La Tranca.
Mercedes con dos alumnos en un taller de tipogragfía, una de las muchas actividades culturales que organiza La Tranca.

Otro proyecto es el de bibliotecas comunitarias, a las cuales abastecen con todo material de lectura que les llegue en buenas condiciones, para que lo usen los chicos. Hay ya una biblioteca en cada almacén del pueblo; cuatro en total.

¿Y la pulpería? “Es el lugar super vivo, de energía, y también mi vida social, porque vienen amigos y eso me cubre una necesidad espiritual. En la pulpería cobramos, y con eso financiamos el resto de los proyectos, que son gratuitos”, dice Mercedes.

Jugando a las cartas, como en los viejos tiempos (foto pre pandemia).
Jugando a las cartas, como en los viejos tiempos (foto pre pandemia).

Y aunque la pandemia y la cuarentena dificultan un poco tanto trabajo participativo, Mercedes se emociona cuando cuenta que Cura Malal está volviendo a la vida.

“Antes la preocupación de los más grandes era que la gente se iba, decían que el pueblo estaba en el ocaso. Pero desde hace unos años, y sobre todo ahora, hay nueva vida, se vendieron terrenos, se construyeron casas, y los domingos es una zona de paseo de gente de los alrededores, que da vuelta con el auto. El pueblo florece nuevamente, y es una alegría”, dice, y cuenta que cuando era chica pensaba que “iba a ser cualquier cosa menos docente”, pero hoy siente que más que nada es docente. “No tanto porque tenga la posibilidad de enseñar al otro, sino de compartir con el otro, de acompañar en ese proceso de enseñanza”, dice.

Ya está avisado: si es viernes, hay Tranca en Cura Malal.

Mercedes también cocina y atiende las mesas en La Tranca.
Mercedes también cocina y atiende las mesas en La Tranca.

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